martes, 24 de septiembre de 2013

Sobria Realidad.

Hace algunos ayeres, escuche a alguien decir que el Yo era soluble al alcohol, y después de la investigación empírica me he dado cuenta que es verdad.

No digo que esto sea malo,  ya que me he dado cuenta que aunque muchas veces sale lo peor de nosotros, también sale lo mejor, al perder esta inhibición nos liberamos de las máscaras a las cuales siempre estamos aferrados, durante ese lapsus  solemos ser sinceros, amorosos e inclusive ingenuos, y es por eso que algunas noticias que nos llegan en dichos instantes son tomadas de maneras extremadamente sanas, ya que las tomamos como debe ser, no como deberíamos hacerlo.

Y aunque muchos digan lo contrario, la verdad no duele, la verdad no cala, en realidad  la verdad cura, lo que realmente nos lastima es la mentira, pero yo no hablo de las mentiras que los demás nos cuentan, sino de la mentira que nosotros mismos aceptamos, aquella mentira que nosotros inventamos para aceptar la realidad, o para poder lidiar con ella, esa mentira cruel la cual se acopla a nuestra mascara y nos hace sentir “mejor”, y que tristemente a lo largo del tiempo (y para nuestra conveniencia) dejamos de ver como mentira y la volvemos una verdad.

Es por eso que decimos que la verdad duele, no porque destruya nuestra  burbuja de manera inesperada y nos quedemos desprotegidos, duele porque nos arranca la máscara y nos vuelve reales, saca el Yo que hemos estado escondiendo detrás de los barrotes de nuestras máscaras.

Y es de ahí de donde me surgen varias interrogantes,  ¿Por qué somos amantes de la mentira? ¿Por qué nos esforzamos por ser alguien que no somos? Y la más preocupante de todas ¿Por qué pasamos nuestra vida intentando resolver la pregunta de Quien soy, si nos negamos a cada instante?

Este fin de semana mientras compartía el cielo con mis amigos,  y compartíamos uno de los momentos más auténticos de nuestra vida, sin presiones ni roles que interpretar, conocí una verdad, una que me hizo rabiar y reír al mismo tiempo, una que me hizo maldecir y fortaleció una amistad, una verdad que me trajo paz y me libero de una duda.

Es por eso que desde entonces prefiero la verdad, porque es un sendero mucho más fácil de seguir.

Aunque, no me hagan mucho caso, solamente he vivido durante 20 años y escribo estas letras bajo las ultimas influencias del Alcohol.

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