Como es bien conocido, se sabe poco sobre Mormonia, y en mis
intentos por llenar esos huecos de la historia, me he visto en la necesidad de
encontrar y descifrar ciertos objetos por los cuales algunos pagarían inmensas
cantidades de dinero.
El día de hoy conocí a una vieja gitana que me enseño varias
cosas acerca de un libro que rescate hace poco. Aunque he llevado una vida de
estudio, debo admitir que ese ejemplar en especial me había costado mucho
descifrarlo, sin embargo después de la charla de hoy parece que leerlo será mucho
más fácil de lo llegue a pensar.
La parte más curiosa del día no fueron las clases con la
gitana, sino unas horas después, cuando estaba en el pub conversando con viejos
conocidos que tuve la suerte de encontrarme el día de hoy; cuando de pronto el
ambiente cambio totalmente.
Por la puerta entro un grupo de mujeres,
pero no era cualquier grupo de mujeres, estas eran conocidas por todos, y rápidamente
el ambiente se dividió entre los que las favorecían y los que las detestaban.
Sulsas.- Escuche en una mesa cercana.
Arpías.- Dije para mis adentros. Conocía muy bien a ese grupo, durante un
tiempo fueron reconocidas y ahora vivían de la fama que se habían hecho en el
pasado. Y ellas me conocían a mí, no tanto como yo a ellas, pero si lo
suficiente para odiarme.
Las razones que tienen para odiarme? Pues…muchas en realidad, aunque no se en
ciencia cierta cuál de todas eligieron en especial, o quizá todas, a eso sumado
en que he echado a perder sus planes unas cuantas veces… digamos que han hecho
varios intentos para quitarme de su camino.
Aunque de momento estamos en una especie de “tregua” nos
ignoramos mutuamente, aunque se bien que me temen, a mí y a los que me
respaldan, quizá a simple vista yo no parezca un gran adversario, pero las
apariencias engañan, a eso sumado que siempre tendré a mis Nómadas para
cubrirme la espalda, en caso de que nos lo propongamos, seriamos una fuerza
imparable.
Se sentaron a los lejos, pero en ningún momento dejaron de
mirar hacia mi mesa, o intentar de escuchar lo que decíamos, pero vieron
frustrado cada intento. Cualquiera hubiera pensado que en cualquier momento podría
haberse iniciado una pelea, pero las cosas siguieron su curso, ninguno de
nosotros tenía motivos reales para pelear.
Me despedí de todos y deje unas monedas en la mesa, quedaban
unas horas para el encuentro que había sido decidido en la nota, y aun me
quedaban algunas cosas por hacer.
El día no ha terminado, pero a mi parecer, la siguiente
parte, merece tener su propia página.
-F. El Renegado de Mormonia.

No hay comentarios:
Publicar un comentario